
Aligeramos el paso y nos detuvimos a beber el agua del arroyo. Andábamos revolviendo la madeja de sucesos que se nos mostraron en sueños a Zotzil, a Temoc a Citlali y a mi. Mas delante veríamos de qué color es la luna y la casa del dios cuando se le ofrece el sacrificio. Mas tarde seríamos pequeños mensajeros de mi pueblo ante los dioses llevando la ofrenda del dolor y la entrega a cambio del alimento, la herida a la selva en pos de de la abundante cosecha. Mañana seremos tan magnánimos que seremos dignos de ser perdonados a los ojos divinos y ascenderemos a categoría de héroes a los de nuestros hermanos. Ahora solo somos humanos y débiles; necesitamos beber agua.
Arroyo en la zona arqueológica de Palenque, Chiapas
Sabino. Testigo del mundo –guardia que observa firme desde el pueblo de Santa María del Tule. Belleza extraordinaria y prodigio que la naturaleza le regaló entre muchas otras cosas al Estado de Oaxaca hace ya mucho tiempo. Sus formas caprichosas de fruncir el ceño, formando figuras y entretejiendo historia para sorpresa de propios y extraños., me parece una forma singular de comunicarse con nosotros.
Árbol del Tule; Santa María del Tule, Oaxaca
Dale asilo a mis piernas exhaustas
un regazo para recargar mi cabeza cansada.
Comprueba ahora que vengo cansado poniendo tu mano
en el lugar donde debería ir un corazón solo hay espasmos
Respiro.
Después el mundo seguirá su rumbo y me iré porque nada es eterno
y seguir es preciso. Pero por lo pronto:
Déjame aquí –en tranquilo silencio donde puedo anclarme a tu ternura
Y a la vez viajar hasta la inmensidad con la mirada.
Pico de Orizaba, Citlaltépetl, visto desde Xalapa, Ver.
Si la vida fuera un camino y la felicidad trayecto
y no destino, creo que sería un poco así: rodeada de exuberante vegetación en
la que lo mismo se nos ofrecen los frutos mas exquisitos que los peligros mas mimetizados y a veces evidentes. Y la luz, que se nos deja entrever siempre a través de la
maleza, solo es cuestión de afinar la vista, seguir el trayecto, seguirle el
paso a ese asunto llamado vida y no
dejar de subir, a pesar de que a veces parezca que se va bajando
Cuesta de Balvarte; Juchique de Ferrer, Ver.

Hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar;
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.
(Canción de la vida profunda / fragmento / Ricardo Arenales, seudónimo de Miguel Angel Osorio Benítez, que también usó otro seudónimo, Porfirio Barba Jacob).
Huayacocotla, Ver.
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